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sábado, 5 de mayo de 2012

Mayo. Mes del libro. Día 5




Hoy les dejo otra vez a Caperucita Roja, pero en la versión de los hermanos Grimm. Es bueno leer las dos para compararlas. La ilustración que acompaña es una muñeca hecha por mi amiga Nancy, de Florida.


 Había una vez una adorable niña que era querida por todo aquél que la conociera, pero sobre todo por su abuelita, y no quedaba nada que no le hubiera dado a la niña. Una vez le regaló una pequeña caperuza o gorrito de un color rojo, que le quedaba tan bien que ella nunca quería usar otra cosa, así que la empezaron a llamar Caperucita Roja. Un día su madre le dijo:
-Ven, Caperucita Roja, aquí tengo un pastel y una botella de vino, llévaselas en esta canasta a tu abuelita que esta enfermita y débil y esto le ayudará. Vete ahora temprano, antes de que caliente el día, y en el camino, camina tranquila y con cuidado, no te apartes de la ruta, no vayas a caerte y se quiebre la botella y no quede nada para tu abuelita. Y cuando entres a su dormitorio no olvides decirle, “Buenos días”, ah, y no andes curioseando por todo el aposento.”

-No te preocupes, haré bien todo”, -dijo Caperucita Roja, y tomó las cosas y se despidió cariñosamente
 La abuelita vivía en el bosque, como a un kilómetro de su casa. Y no más había entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del sendero, cuando se encontró con un lobo. Caperucita Roja no sabía que esa criatura pudiera hacer algún daño, y no tuvo ningún temor hacia él.
 -Buenos días, Caperucita Roja, -dijo el lobo.
-Buenos días, amable lobo.
 - ¿Adonde vas tan temprano, Caperucita Roja?
 - A casa de mi abuelita.
- ¿Y qué llevas en esa canasta?
 - Pastel y vino. Ayer fue día de hornear, así que mi pobre abuelita enferma va a tener algo bueno para fortalecerse.
 - ¿Y adonde vive tu abuelita, Caperucita Roja?
 - Como a medio kilómetro más adentro en el bosque. Su casa está bajo tres grandes robles, al lado de unos avellanos. Seguramente ya los habrás visto,contestó inocentemente Caperucita Roja. El lobo se dijo en silencio a sí mismo:
 -“¡Qué criatura tan tierna! qué buen bocadito, y será más sabroso que esa viejita. Así que debo actuar con delicadeza para obtener a ambas fácilmente.”
Entonces acompañó a Caperucita Roja un pequeño tramo del camino y luego le dijo: -Mira Caperucita Roja, que lindas flores se ven por allá, ¿por qué no vas y recoges algunas? Y yo creo también que no te has dado cuenta de lo dulce que cantan los pajaritos. Es que vas tan apurada en el camino como si fueras para la escuela, mientras que todo el bosque está lleno de maravillas.

Caperucita Roja levantó sus ojos, y cuando vio los rayos del sol danzando aquí y allá entre los árboles, y vio las bellas flores y el canto de los pájaros, pensó: “Supongo que podría llevarle unas de estas flores frescas a mi abuelita y que le encantarán. Además, aún es muy temprano y no habrá problema si me atraso un poquito, siempre llegaré a buena hora.” Y así, ella se salió del camino y se fue a cortar flores. Y cuando cortaba una, veía otra más bonita, y otra y otra, y sin darse cuenta se fue adentrando en el bosque. Mientras tanto el lobo aprovechó el tiempo y corrió directo a la casa de la abuelita y tocó a la puerta. -¿Quién es? -preguntó la abuelita.
-Caperucita Roja, -contestó el lobo.
 -Traigo pastel y vino. Ábreme, por favor.
 - Mueve la cerradura y abre tú, -gritó la abuelita, -estoy muy débil y no me puedo levantar.
 El lobo movió la cerradura, abrió la puerta, y sin decir una palabra más, se fue directo a la cama de la abuelita y de un bocado se la tragó. Y enseguida se puso ropa de ella, se colocó un gorro, se metió en la cama y cerró las cortinas.

Mientras tanto, Caperucita Roja se había quedado colectando flores, y cuando vio que tenía tantas que ya no podía llevar más, se acordó de su abuelita y se puso en camino hacia ella. Cuando llegó, se sorprendió al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sintió tan extraño presentimiento que se dijo para sí misma: “¡Oh Dios! que incómoda me siento hoy, y otras veces que me ha gustado tanto estar con abuelita.”
 Entonces gritó: -¡Buenos días!, pero no hubo respuesta, así que fue al dormitorio y abrió las cortinas. Allí parecía estar la abuelita con su gorro cubriéndole toda la cara, y con una apariencia muy extraña.
-¡!Oh, abuelita! -dijo, -qué orejas tan grandes que tienes.”
 - Es para oírte mejor, mi niña, -fue la respuesta.
- Pero abuelita, qué ojos tan grandes que tienes.
- Son para verte mejor, querida.
 - Pero abuelita, qué brazos tan grandes que tienes.
- Para abrazarte mejor.
 -Y qué boca tan grande que tienes.
 - Para comerte mejor! Y no había terminado de decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a Caperucita Roja.

Entonces el lobo decidió hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a roncar fuertemente. Un cazador que por casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó, “¡Cómo ronca esa viejita! “Voy a ver si necesita alguna ayuda.”
 Entonces ingresó al dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí.
¡Así que te encuentro aquí, viejo pecador! -dijo él.¡Hacía tiempo que te buscaba! Y ya se disponía a disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En su lugar tomó unas tijeras y empezó a cortar el vientre del lobo durmiente. En cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja, entonces hizo dos cortes más y la pequeña Caperucita Roja salió rapidísimo, gritando:
-¡Qué asustada que estuve, qué oscuro que está ahí dentro del lobo!. Y enseguida salió también la abuelita, vivita, pero que casi no podía respirar. Rápidamente, Caperucita Roja trajo muchas piedras con las que llenaron el vientre del lobo. Y cuando el lobo despertó, quiso correr e irse lejos, pero las piedras estaban tan pesadas que no soportó el esfuerzo y cayó muerto.

Las tres personas se sintieron felices. El cazador le quitó la piel al lobo y se la llevó a su casa. La abuelita comió el pastel y bebió el vino que le trajo Caperucita Roja y se reanimó. Pero Caperucita Roja solamente pensó: “Mientras viva, nunca me retiraré del sendero para internarme en el bosque, cosa que mi madre me había ya prohibido hacer.”


También se dice que otra vez que Caperucita Roja llevaba pasteles a la abuelita, otro lobo le habló, y trató de hacer que se saliera del sendero. Sin embargo Caperucita Roja ya estaba a la defensiva, y siguió directo en su camino. Al llegar, le contó a su abuelita que se había encontrado con otro lobo y que la había saludado con:
 -Buenos días”, pero con una mirada tan sospechosa, que si no hubiera sido porque ella estaba en la vía pública, de seguro que se la hubiera tragado. –Bueno, -dijo la abuelita, -cerraremos bien la puerta, de modo que no pueda ingresar.
Luego, al cabo de un rato, llegó el lobo y tocó a la puerta y gritó:
 -¡Abre abuelita que soy Caperucita Roja y te traigo unos pasteles!
 Pero ellas callaron y no abrieron la puerta, así que aquel hocicón se puso a dar vueltas alrededor de la casa y de último saltó sobre el techo y se sentó a esperar que Caperucita Roja regresara a su casa al atardecer para entonces saltar sobre ella y devorarla en la oscuridad. Pero la abuelita conocía muy bien sus malas intenciones. Al frente de la casa había una gran olla, así que le dijo a la niña:
-Mira Caperucita Roja, ayer hice algunas ricas salsas, por lo que trae con agua la cubeta en las que las cociné, a la olla que está afuera.
 Y llenaron la gran olla a su máximo, agregando deliciosos condimentos. Y empezaron aquellos deliciosos aromas a llegar a la nariz del lobo, y empezó a aspirar y a caminar hacia aquel exquisito olor. Y caminó hasta llegar a la orilla del techo y estiró tanto su cabeza que resbaló y cayó de bruces exactamente al centro de la olla hirviente, ahogándose y cocinándose inmediatamente. Y Caperucita Roja retornó segura a su casa y en adelante siempre se cuidó de no caer en las trampas de los que buscan hacer daño.




Y no pude resistir la tentación de agregar este poema de Gabriela Mistral que aprendí cuando niña, hace un tiempito.



Caperucita Roja

Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en las manos gajos de salvia en flor.
“Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho”.
Caperucita cede al reclamo de amor.
De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
“¿Por qué tan largas?”, dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazando a la niña:
“¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor”.
El cuerpecito tierno le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
“Abuelita, decidme ¿por qué esos grandes ojos?”
“Corazoncito mío, para mirarte bien…”
Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
“Abuelita, decidme ¿por qué esos grandes dientes?”
“Corazoncito, para devorarte mejor…”
Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón,
y ha molido las carnes y ha molido los huesos
y ha exprimido como una cereza el corazón.

Y este otro del español Francisco Villaespesa:

Caperucita

Caperucita, la más pequeña
De mis amigas, ¿en dónde estás?
-Al viejo bosque se fue por leña,
Por leña seca para amasar.
-Caperucita, di, ¿no ha venido?
¿Cómo tan tarde no regresó?
-Tras ella todos al bosque han ido,
Pero ninguno se la encontró.
-Decidme, niño, ¿qué es lo que pasa?
¿Qué mala nueva llegó a tu casa?,
¿Por qué esos llantos?, ¿por qué esos gritos?
¿Caperucita no regresó?
-Sólo trajeron sus zapatitos,
¡Dicen que un lobo se la comió!

Y ya que estamos cierro con esta versión humorada de la argentina Elsa Bornemann:

Carta a Caperucita Roja:

Niña del cuento, te pido ayuda
no me abandones en esta duda
¿Andabas tan encaperuzada,
que, a causa de eso, no veías nada?

Como es posible Caperucita
que confundieras a tu abuelita,
tal vez tenia cara de loba,
¿era tan rara? (o tu eras boba)




1 comentario:

Anónimo dijo...

Caperucita Roja y el Príncipe Azul se casaron y tuvieron un hijo violeta.

Soy fanática de Caperucita Roja, hace unos días me compre una nueva versión en Bs As.

Muy linda la Caperucita de Nancy, yo hace muchoooo que le encargue una a una persona que hace muñecos, pero no me lo hace ...