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miércoles, 21 de mayo de 2014

Mayo. Mes del Libro. Día 21


Una fábula clásica



Llevaba en la cabeza 
una Lechera el cántaro al mercado 
con aquella presteza, 
aquel aire sencillo, aquel agrado, 
que va diciendo a todo el que lo advierte 
« ¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!» 
Porque no apetecía 
más compañía que su pensamiento, 
que alegre le ofrecía 
inocentes ideas de contento, 
marchaba sola la feliz Lechera, 
y decía entre sí de esta manera: 
«Esta leche vendida, 
en limpio me dará tanto dinero, 
y con esta partida 
un canasto de huevos comprar quiero, 
para sacar cien pollos, que al estío 
me rodeen cantando el pío, Pío. 
Del importe logrado 
de tanto pollo mercaré un cochino; 
con bellota, salvado, 
berza, castaña engordará sin tino, 
tanto, que puede ser que yo consiga 
ver cómo se le arrastra la barriga.
Lo llevaré al mercado, 
sacaré de él sin duda buen dinero; 
compraré de contado 
una robusta vaca y un ternero, 
que salte y corra toda la campaña, 
hasta el monte cercano a la cabaña.» 
Con este pensamiento 
enajenada, brinca de manera 
que a su salto violento 
el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! 
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, 
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. 
¡Oh loca fantasía! 
¡Qué palacios fabricas en el viento! 
Modera tu alegría, 
no sea que saltando de contento, 
al contemplar dichosa tu mudanza, 
quiebre su cantarillo la esperanza. 
No seas ambiciosa 
de mejor o más próspera fortuna, 
que vivirás ansiosa 
sin que pueda saciarte cosa alguna. 
No anheles impaciente el bien futuro; 
mira que ni el presente está seguro. 



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