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viernes, 16 de mayo de 2014

Mayo. Mes del Libro. Día 16

Una gran historia en pocas palabras

El soporte y los materiales fueron cambiando a través de tiempo y lugares. Arcilla, hojas de papiro, cuero de animales. Hueso, marfil, cuerdas con nudos, piedras, papel, materiales plásticos. Sin olvidar la “escritura” a través de dibujos en las cuevas, en las señales de humo, en el sonido de los tambores, en los silbidos de los pastores en las montañas canarias.

La escritura nació, como casi todo en la historia de la humanidad, por la necesidad.

En una región de gran fertilidad, donde los cereales como el trigo y la cebada se daban en forma casi espontánea, el nombre se hizo sedentario para poder sembrar, cuidar lo sembrado, cosechar, guardar. Esto sucedió hace unos diez mil años en la llamada "Medialuna de las tierras fértiles"
El hombre tuvo que asentarse, lo que le creó otra necesidades: se hizo necesaria la distribución del trabajo, fuerzas militares para evitar la amenaza de otros pueblos, oficios artesanales para la creación de objetos diversos (recipientes para guardar el grano, herramientas para el laboreo de la tierra…) Lo complejo de todas estas operaciones hizo que la memoria no fuera suficiente teniendo en cuenta además que el excedente en las cosechas posibilitó el comercio. La necesidad de llevar un registro y de organizar todas esos grupos humanos seguramente fue lo que dio paso a la escritura. Ahora bien, esto que se dice en tan pocas líneas fue proceso de mucho tiempo y seguramente nada fácil.
Fuente consultada:
ESCOLAR SOBRINO, Hipólito. Historia social del libro.Madrid,Asociación Nacional de Bibliotecarios, Archiveros y Arqueólogos