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lunes, 24 de agosto de 2009

Le tocó a la cocina!

Fin de semana dedicado a la cocina, lavándole la cara y dándole un poco de atención. Es uno de mis lugares preferidos de la casa pero la tenía casi abandonada, pobrecita. Así arremetí con limpieza, orden,(¿cuánto durará?) nuevos detalles, y todavía no termino, ando pincel en mano. Ya les mostraré. Lo curioso es que no solo de mi biblioteca surgen tesoros cuando ordeno. Por aquí aparecieron varios objetos:


Las medidas con formas especiales, berenjena, morrón, choclo, zanahoria que recibí de mi amigaza Elma. Los gansos, que eran cuatro. El que corresponde a la medida de una taza, se ve que no quiso volver de su viaje migratorio, debe haber hecho nido por allá. Espero que ningún cazador haya sorprendido su vuelo.


La pata con aires de distinción. Recuerdo que Aurelia, a la vuelta de uno de sus viajes, puso los regalos encima de la mesa y dijo: -Elijan. Yo, que me chiflo por gallinas, patos, gansos y otros elementos granjeriles ( ya dije que debe ser genético, debo tener antepasados granjeros, habitantes de un gran espacio verde criadores de este bicherío, con lagunita incluída, claro) no podía seleccionar otra cosa.

El señor y la señora osa que recibí de mi hija postiza en un cumple.


Los posavasos en decoupage que Déb realizó. Encontró las maderitas en MI taller, tomó una de MIS láminas. Usó todos MIS elementos de trabajo y presentó su regalo de cumpleaños. Vino acompañado con un vale para ir al cine o al teatro con derecho a pizza después. Sinceramente le quedó precioso. El vale lo usamos tiempo después.
Es curioso como los objetos tienen ese poder de abrir los cajoncitos de nuestra memoria afectiva. Recordé ahora, mientra posteo esto, que hace algunos años, era octubre, recibí el aviso que mi hermano mayor había fallecido. Como las noches estaban frescas todavía me fuí con un saco grueso. En esos momentos, traté de recordar a mi hermano como la persona buena, realmente buena, que había sido. Siempre amable,siempre dispuesto a dar de sí. Con un excelente humor,siempre haciéndonos reir. Cuando regresé, el abrigo fue guardado. En el siguiente otoño vestí mi saco y cuando metí la mano en el bolsillo toqué papeles. Los saqué y vi los pasajes del ómnibus que habíamos tomado para ir a despedirme de mi hermano. En ese momento fue que hice mi duelo y tuve conciencia de la mutilación que había sufrido mi vida y que nunca más reiría con mi hermano.




4 comentarios:

Rina dijo...

Qué emotivo lo que contas! Te mando un beso grande!

Morocha dijo...

Yo también me emocioné con tu relato... Qué palabra tan acertada, " mutilación" .
Tu recuerdo está lleno de Amor.
Cariños
Silvana
Morocha

Marietta dijo...

Tu entrada de hoy tiene los ingredientes justos para un buen libro o una excelente película. Comienza siendo intranscendente, con la amabilidad de lo cotidiano, según la vas leyendo te dibuja una sonrisa breve en la comisura de los labios, ese gesto que se nos pega cuando reconocemos como propios los hechos que se relatan. Es cuando el desenlace te sorprende, te emociona y borra de un plumazo el rictus de tu boca. Ahora la sonrisa está en el corazón, agridulce y nostálgica porque todos compartimos sentimientos como los que describes y ahora sabemos que por esas cosas de los resortes que abren "cajoncitos" a partir de este momento cuando recordemos a personas buenas que se han ido, tu hermano -aún sin conocerlo- estará entre ellas.

Un abrazo.

Dulce dijo...

É muito sensível este teu relato, mas o teu "irmão", saberá que a irmã é uma querida e ele está em bom lugar:(
Beijinhos
Dulce