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domingo, 15 de noviembre de 2009

Al pan, pan.




El pan está unido a la historia de las transformaciones de la humanidad. Seguramente el hombre comenzó consumiendo la harina de cereales silvestres entre los que estaba el antepasado del trigo que conocemos y luego lo fue mejorando. Así pasó con el maíz. Para llegar al trigo actual se pasó por un largo proceso. Para cosechar hubo que plantar y esperar el tiempo de la cosecha. Lo que significó elegir el terreno adecuado para sembrar y para levantar la vivienda, cultivar la tierra, proteger el cultivo de plagas naturales y todo eso significó organizarse, ayudarse, trabajar en grupo. Primero se molió la harina con métodos muy rudimentarios que hemos visto en libros y museos, con el tiempo el hombre descubrió otras formas más prácticas. Inventó molinos, dominó la energía de la Naturaleza y la tracción animal hasta llegar a nuestros días. Pasando por los hornos de barro de nuestros paisanos en que el día del amasijo era toda una fiesta para la familia y los vecinos hoy podemos tener en nuestros hogares esas panificadoras eléctricas que amasan y cocinan. Distintas harinas, distintos sabores y formas de elaborarlo han dado origen a distintos nombres: pan de molde, la baguette a la que llamamos por acá flauta, el pan integral, el de centeno, el pan ácimo, el de pita, la chapata, el cañón, la rosca de pascua, el pan dulce, el pan francés y muchos otros.
A mí me gusta poner "las manos en la masa" y ver la fuente llena de pan. Siempre repito que poder compartir el pan con mi familia y mis amigos tiene, para mí, un sentido muy especial
Estos fueron hechos a pedido del niño, para compartir con sus compañeros de trabajo. Unos llevan ajo incorporado a la masa y los otros tienen cebolla ( de verdad, nada de sabor a) Con dos tipos de relleno, salamín, panceta y muzarella y los otros con jamón, aceitunas y queso tipo fontina. Todo muy dietético y saludable. Me está prohibido comerlos.
Acompaño con dos cuentos "de pan".
El gran pan Jürg Schubiger
En una ciudad vivía un panadero que poseía un gran horno. Era el único panadero de la ciudad, y el horno era como una iglesia de grande.Una tarde, el panadero reunió todas sus existencias.Sacó del almacén sacos de harina y cogió agua, levadura y sal. Preparó la masa en una artesa en la que cabían veinte personas. Se metió dentro, y la masa le llegaba hasta los hombros. El panadero amasaba con los pies y con las manos. Después esparció harina e hizo una montaña con la masa. Y la bola creía y crecía.El panadero llevó la leña en un carro. Construyó una valla alrededor de la bola y le prendió fuego. El calor era tal que los vecinos empezaron a sudar en la cama. Cuando llegó la mañana, el fuego se había acabado. El pan estaba hecho.“¡Está bien!”, se dijo el panadero a sí mismo y al pan.Ató cuerdas alrededor del pan y enganchó el caballo.Luego se subió a la silla de montar y salió del horno a caballo. Salió por la puerta de su casa arrastrando el pan.Se detuvo en una plaza para llamar a todos los hambrientos. Dijo:
-Os he hecho un pan. ¡Comed todo lo que queráis!
Los hambrientos comieron hasta saciarse, y los niños treparon por el pan. El pan seguía siendo tan grande como al principio.Cuando el panadero lo vio, se subió al caballo y se fue con el pan al orfanato. Allí dijo:
-¡Os he hecho pan!
Los huérfanos comieron todo lo que pudieron, pero casi no se notaba nada en el pan, aunque el tutor de los huérfanos también comió y cogió un trozo grande para los siguientes días.El panadero siguió cabalgando y llegó a la cárcel. Allí invitó a los presos:
-¡Comed todo lo que queráis!
Los presos y los guardias comieron. Arrancaban trozos enormes del pan y se los llevaban. Pero el pan casi no variaba.Al caer la tarde el panadero regresó a la plaza. Todos se sentían llenos; estaban alrededor del pan y hablaban entre sí. Entonces el panadero le dio de comer pan también a su caballo.Cuando se hizo la noche, apareció en la plaza una mujer rubia.
-Panadero-dijo-, dame un trozo de tu pan. Tengo hambre.
La mujer era tan hermosa que el panadero la abrazó y la besó. Le dio un trozo de pan. Después ambos se quitaron la ropa. Hicieron juntos un agujero en la miga y se metieron en el pan: Dentro rieron y durmieron juntos.Cuando se hizo de día, los dos tenían tanta hambre que se comieron todo el pan.
Si se mastica un bocado de pan durante mucho tiempo, se vuelve dulce. Y si se pronuncia una palabra muchas veces, se vuelve extraña. Pan, por ejemplo, significa simplemente “Pan”, y Panpanpanpanpanpanpanpanpan… de pronto no significa nada o algo diferente. Cuando la palabra resulta totalmente desconocida, lo mejor es respirar un par de veces profundamente, quedarse quieto y esperar hasta que pan vuelva a significar “Pan”.

El armario del pan

Como era su costumbre, iba Dios dando un paseo por la tierra de los hombres. Y como siempre, pocos eran los que le reconocían. Aquel día, pasó por delante de una chabola donde estaba llorando un niño. Se paró y llamó a la puerta. Salió una mujer con cara enfermiza y dijo:
- ¿Qué es lo que quiere, señor?
- Vengo a ayudarte -contestó Dios.
- ¿Ayudarme a mí? Pues lo tiene difícil. Nadie ha querido hacerlo. Sólo Dios podría ayudarme. Mi niño llora porque tiene hambre. Sólo me queda un trozo de pan en el armario. Cuando nos lo comamos, todo habrá acabado para nosotros.
Al escuchar esto, Dios empezó a sentirse mal. Su cara se volvió igual de enfermiza que la de la mujer. Y unas lágrimas, como las del niño, recorrían sus mejillas.
- ¿Y nadie te ha querido ayudar, mujer? -preguntó Dios.
- Nadie, señor. Todos me han dado la espalda -respondió ella.
La mujer quedó impresionada por la reacción de aquella persona. Por su aspecto, parecía igual de pobre que ella. Le vio tan mal, con tan mala cara, que creyendo que iba a desmayarse, fue al armario donde guardaba su último trozo de pan, cortó un poco y se lo ofreció. Cuando Dios vio ese gesto, se emocionó mucho y mirándole a los ojos dijo:
- No, no, gracias. Tú lo necesitas más que yo. Quédatelo y dáselo a tu hijo. Mañana te llegará mi ayuda. No dejes de hacer con nadie lo que hoy has hecho conmigo.Y dicho esto, se marchó.
La mujer no entendió nada, pero se le quedó gravada aquella mirada. Esa noche, ella y su hijo se comieron el último trozo de pan que les quedaba.Al día siguiente, la mujer se llevó una gran sorpresa. El armario estaba lleno de pan. Pero la sorpresa fue mayor cuando se dio cuenta de que, por más panes que sacaba, nunca se acababan. En aquella casa nunca más volvió a faltar el pan.Pronto comprendió quién era aquél que había llamado a su puerta. Y desde entonces, no dejó de hacer con nadie lo que había hecho con él: compartir su pan con el necesitado

1 comentario:

Morocha dijo...

Hola Abu:)
Qué bonito post! Con el Pan has dado amor a tu familia y me has regalado un momento de preciosa lectura :)

Te dejo mi cariño
Silvana
Morocha