martes, 10 de mayo de 2016
Mes del Libro. Día 10
Algo grave va a suceder en este pueblo
Imagínese
usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno
de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de
preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos
se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que
pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una
carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te
apuesto un peso a que no la haces.
Todos
se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le
preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es
cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre
esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos
se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con
su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le
gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y
por qué es un tonto?
-Hombre,
porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su
mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este
pueblo.
Entonces
le dice su madre:
-No
te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La
pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame
una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor
véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es
estar preparado.
El
carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de
carne, le dice:
-Lleve
dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y
se están preparando y comprando cosas.
Entonces
la vieja responde:
-Tengo
varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se
lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero
en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo
el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando
que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde,
hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se
ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero
si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto
calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y
tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin
embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero
a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí,
pero no tanto calor como ahora.
Al
pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la
voz:
-Hay
un pajarito en la plaza.
Y
viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero
señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí,
pero nunca a esta hora.
Llega
un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están
desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo
sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra
sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la
calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que
dicen:
-Si
éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y
empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los
animales, todo.
Y
uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que
no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la
incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen
en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de
ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo
dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.
Gabriel García Márquez
Mes del Libro. Día 9
Me alimento y adivino
Col es mi nombre
Oro parece,
plata no es,
el que no lo sepa
un tonto es.
plata no es,
el que no lo sepa
un tonto es.
Te lo digo y
te repito
y te lo debo avisar,
que por más que te lo diga
no lo vas a adivinar.
y te lo debo avisar,
que por más que te lo diga
no lo vas a adivinar.
No toma té, ni toma
café,
y está colorado,
dime ¿Quién es?
y está colorado,
dime ¿Quién es?
Esta legumbre deshoja
Un aceite nutritivo
En que el chino remoja
Arroz para seguir vivo.
Es blanca por dentro
Y amarilla por fuera
Si quieres saber, espera.
En el monte de Man
Mataron a Da
Y los hijos de Ri
Me dijeron que na.
De apellido Floral
Si lo quieres saber
A la huerta has de marchar.
Pi pi cantan los pájaros
Miento y digo la verdad
Por muy listo que seas
Creo que no acertarás.
Agua pasa por mi casa
cate por mi corazón.
El que no lo adivinara,
será un burro cabezón
A mi me
tratan de santa
y conmigo
traigo el día.
soy
redonda y encarnada
y tengo
la sangre fría
sábado, 7 de mayo de 2016
Mayo. Mes del Libro. Día 7
Compartamos este precioso cuento!!!
Un mojado miedo verde
Graciela Falbo
Tomado
de: http://www.imaginaria.com.ar/05/3/miedo.htm
Hay
alguien atragantado de miedo, metido hasta el cuello, en las aguas quietas de
Laguna Verde.
Hoy, precisamente hoy, empieza la Gran Fiesta del Pescado Frito y , como todos los años, Laguna Verde se llena de pescadores que llegan desde lugares lejanos, alegres, con sus tanzas, sus cañas, sus anzuelos. Si supieran lo que está pasando, no se meterían con sus frágiles botes en las aguas, en apariencia tranquilas, de la laguna, ni remarían, buscando peces, hasta el centro mismo de las aguas mansas.
Tampoco las parejas de enamorados se perderían entre los juncos para besarse al sol. Porque... Hay un monstruo verde en la Laguna Verde. No existe en el mundo nada más horripilante que este monstruo lagunoso. Tiene dos pares de patas que terminan en sólidas garras afiladas. Su cuerpo es verde mate cocido, como el agua de la laguna. Su piel, rugosa y áspera y también viscosa por el lado de atrás. Sus ojos son amarillos pero, cuando empieza a oscurecer, se vuelven rojos como la sangre... Y, además, tiene una cola oblicua llena de púas que hace cimbrar, como una serpiente negra. De la cabeza a las patas, el monstruo mide casi cuatro metros. Sin embargo nadie lo ha visto nunca porque su piel verde se confunde con el agua verde de la laguna.
Nadie sabe que está ahí.
Nadie, no..., alguien sí lo sabe. Alguien que, sumergido hasta el cuello en el agua, está viendo algo que lo deja mudo, algo que lo paraliza de terror...
Los botecitos de los pescadores comienzan a deslizarse por la laguna, livianos como mosquitas de colores. Avanzan lentamente, sigilosos, para no alertar a los peces. Todo está ligeramente envuelto en un tranquilo silencio; apenas si se escucha el chapoteo suave de los remos al cortar el agua, y el canto alegre de las chicharras.
Ninguno imagina que, a pocos metros, alguien paralizado por el terror, con el agua hasta el cuello, tirita de miedo.
El monstruo de la laguna verde es carnívoro.
Su larguísima lengua roja actúa como un látigo de acero que atrapa, tritura y muele, igual que una multiprocesadora. Gracias a su vertiginosa lengua, el monstruo sería capaz de devorarse hasta un buey y digerirlo como a una aceituna.
En la oscuridad de la noche, sus ojos rojo-sangre parecen dos estigmas de fuego, capaces de aterrar al más valiente.
Pero ahora es de día, y alguien tiembla en la laguna; tiembla sin poder gritar, sin atinar a moverse, sin sentirse capaz de poder abrir la boca para pedir ayuda siquiera.
Los pescadores ya tiraron sus hilos (las carnadas flotan apenas unos centímetros bajo el agua...) y se disponen a esperar. Algunos toman mate para pasar el tiempo. En medio del silencio, de los juncos, del sol, el día tiene la paz de esos paisajes de almanaque. ¿Quién, mecido por la paz del lugar, podría suponer que alguien desmaya de terror en la laguna?
El mosntruo pesa como doscientos treinta kilos; su cuerpo está semienterrado en el barro. Sus garras traseras salen de unas patas que tienen una poderosa musculatura, como un resorte capaz de permitirle un salto mortal. Sin embargo, su mejor arma, la invencible, es mimetizarse con el agua hasta casi desaparecer. Cualquiera, desprevenido, podría pasar por encima de él sin advertir que su gran bocaza oscura, con sus setenta y ocho colmillos, afilados como estiletes, podría estar abierta, a la espera de un cuerpo o dos o cincuenta y seis le penetren hasta el fondo de la garganta para... ¡¡ÑÑÑÑAMM!! cerrarse de golpe, como una poderosa compactadora de metales.
Los pescadores lo ignoran y sólo sueñan con sus botes desbordando de pescados y con la hermosa copa que adornará la vitrina del campeón de la Gran Fiesta Anual del Pescado Frito.
Ajenas a todo, las parejas de enamorados siguen felices entre los juncos...
Sólo alguien, con el alma en un hilo, ya al borde del pánico en la Laguna Verde, ve que la situación se vuelve cada vez más difícil, ingobernable, inminente...
Las embarcaciones se van acercando perezosamente; buscando peces, se acercan más y más hacia el centro de la laguna, donde el mosntruo se confunde con el agua.
Se acercan sin imaginar lo que hay allí; ya rozan con los remos, sin querer, la horrible piel viscosa, la gruesa piel verde del monstruo verde de la laguna.
Y el monstruo, que ya hace rato los ha estado viendo aproximarse, con sus cañas, sus tanzas y sus anzuelos, no puede evitarlo y tirita de miedo, se hace pis del terror. Trata de hacerse chiquito mientras se pregunta por qué su mamá se fue y lo dejó tan solito en ese horrible lugar.
Hoy, precisamente hoy, empieza la Gran Fiesta del Pescado Frito y , como todos los años, Laguna Verde se llena de pescadores que llegan desde lugares lejanos, alegres, con sus tanzas, sus cañas, sus anzuelos. Si supieran lo que está pasando, no se meterían con sus frágiles botes en las aguas, en apariencia tranquilas, de la laguna, ni remarían, buscando peces, hasta el centro mismo de las aguas mansas.
Tampoco las parejas de enamorados se perderían entre los juncos para besarse al sol. Porque... Hay un monstruo verde en la Laguna Verde. No existe en el mundo nada más horripilante que este monstruo lagunoso. Tiene dos pares de patas que terminan en sólidas garras afiladas. Su cuerpo es verde mate cocido, como el agua de la laguna. Su piel, rugosa y áspera y también viscosa por el lado de atrás. Sus ojos son amarillos pero, cuando empieza a oscurecer, se vuelven rojos como la sangre... Y, además, tiene una cola oblicua llena de púas que hace cimbrar, como una serpiente negra. De la cabeza a las patas, el monstruo mide casi cuatro metros. Sin embargo nadie lo ha visto nunca porque su piel verde se confunde con el agua verde de la laguna.
Nadie sabe que está ahí.
Nadie, no..., alguien sí lo sabe. Alguien que, sumergido hasta el cuello en el agua, está viendo algo que lo deja mudo, algo que lo paraliza de terror...
Los botecitos de los pescadores comienzan a deslizarse por la laguna, livianos como mosquitas de colores. Avanzan lentamente, sigilosos, para no alertar a los peces. Todo está ligeramente envuelto en un tranquilo silencio; apenas si se escucha el chapoteo suave de los remos al cortar el agua, y el canto alegre de las chicharras.
Ninguno imagina que, a pocos metros, alguien paralizado por el terror, con el agua hasta el cuello, tirita de miedo.
El monstruo de la laguna verde es carnívoro.
Su larguísima lengua roja actúa como un látigo de acero que atrapa, tritura y muele, igual que una multiprocesadora. Gracias a su vertiginosa lengua, el monstruo sería capaz de devorarse hasta un buey y digerirlo como a una aceituna.
En la oscuridad de la noche, sus ojos rojo-sangre parecen dos estigmas de fuego, capaces de aterrar al más valiente.
Pero ahora es de día, y alguien tiembla en la laguna; tiembla sin poder gritar, sin atinar a moverse, sin sentirse capaz de poder abrir la boca para pedir ayuda siquiera.
Los pescadores ya tiraron sus hilos (las carnadas flotan apenas unos centímetros bajo el agua...) y se disponen a esperar. Algunos toman mate para pasar el tiempo. En medio del silencio, de los juncos, del sol, el día tiene la paz de esos paisajes de almanaque. ¿Quién, mecido por la paz del lugar, podría suponer que alguien desmaya de terror en la laguna?
El mosntruo pesa como doscientos treinta kilos; su cuerpo está semienterrado en el barro. Sus garras traseras salen de unas patas que tienen una poderosa musculatura, como un resorte capaz de permitirle un salto mortal. Sin embargo, su mejor arma, la invencible, es mimetizarse con el agua hasta casi desaparecer. Cualquiera, desprevenido, podría pasar por encima de él sin advertir que su gran bocaza oscura, con sus setenta y ocho colmillos, afilados como estiletes, podría estar abierta, a la espera de un cuerpo o dos o cincuenta y seis le penetren hasta el fondo de la garganta para... ¡¡ÑÑÑÑAMM!! cerrarse de golpe, como una poderosa compactadora de metales.
Los pescadores lo ignoran y sólo sueñan con sus botes desbordando de pescados y con la hermosa copa que adornará la vitrina del campeón de la Gran Fiesta Anual del Pescado Frito.
Ajenas a todo, las parejas de enamorados siguen felices entre los juncos...
Sólo alguien, con el alma en un hilo, ya al borde del pánico en la Laguna Verde, ve que la situación se vuelve cada vez más difícil, ingobernable, inminente...
Las embarcaciones se van acercando perezosamente; buscando peces, se acercan más y más hacia el centro de la laguna, donde el mosntruo se confunde con el agua.
Se acercan sin imaginar lo que hay allí; ya rozan con los remos, sin querer, la horrible piel viscosa, la gruesa piel verde del monstruo verde de la laguna.
Y el monstruo, que ya hace rato los ha estado viendo aproximarse, con sus cañas, sus tanzas y sus anzuelos, no puede evitarlo y tirita de miedo, se hace pis del terror. Trata de hacerse chiquito mientras se pregunta por qué su mamá se fue y lo dejó tan solito en ese horrible lugar.
martes, 3 de mayo de 2016
lunes, 2 de mayo de 2016
Mayo. Mes del Libro. Día 1
Primero de mayo. Día de los trabajadores.
Historia universal Gianni Rodari
Al principio, la Tierra
estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había
puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes.
¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de
sueño? No existían las camas.
Ni zapatos, ni botas para no
pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco. No había balones
para jugar un partido; tampoco había ni ollas ni fuego para cocer los
macarrones. No había nada de nada. Cero tras cero y basta.
Sólo estaban los hombres,
con dos brazos para trabajar, y así se pudo poner remedio a los fallos más
grandes. Pero todavía quedan muchos por corregir: ¡arremangaos, que hay trabajo
para todos!
jueves, 21 de abril de 2016
domingo, 10 de abril de 2016
martes, 29 de marzo de 2016
martes, 15 de marzo de 2016
miércoles, 2 de marzo de 2016
Animación a la lectura
“Apagar la luz y empezar a
leer al resplandor de las linternas cuentos de miedo con los niños es animación
a la lectura, organizar cursos de calceta para que entren en la biblioteca
personas que de otra forma no lo harían es animación a la lectura, contar
cuentos por la noche al calor de una queimada es animación a la lectura,
convertir la biblioteca en restaurante y ofrecer a los usuarios manjares
literarios es animación a la lectura.
Presentar cada día a los
alumnos un libro "encontrado" en cualquier sitio según se va al
instituto es animación a la lectura, hacer ruedas de prensa con los personajes
de los clásicos es animación a la lectura, jugar con los niños a cambiarles los
finales a los cuentos es animación a la lectura, reservar tiempo lectivo para
frecuentar la biblioteca es animación a la lectura.
Contar cuentos a los hijos
en la cama es animación a la lectura, meter libros en la maleta cuando se va de
vacaciones es animación a la lectura, narrar el comienzo de una historia y
provocar el deseo de seguirla en las páginas de un libro es animación a la
lectura, regalar libros en las fiestas familiares es animación a la lectura”.
Calvo,
Blanca. Animación a la lectura. "Con
cien números por banda" de la revista Educación y Biblioteca. Año 11, N° 100, Madrid,
abril de 1999.(En Línea).Publicado en Imaginaria el 25 de agosto de 1999.
Consultado el 20 de febrero de 2016. Disponible en: http://www.imaginaria.com.ar/00/6/calvo.htm
domingo, 21 de febrero de 2016
Umberto Eco
Salud!!
Los tres astronautas
Era una vez la Tierra.
Era una vez Marte.
Estaban muy lejos el uno de la otra, en medio del cielo, y alrededor había millones de planetas y de galaxias.
Los hombres que estaban sobre la Tierra querían llegar a Marte y a los otros planetas; ¡pero estaban tan lejos!
Sin embargo, trataron de conseguirlo. Primero lanzaron satélites que giraban alrededor de la Tierra durante dos días y volvían a bajar.
Después, lanzaron cohetes que daban algunas vueltas alrededor de la Tierra, pero, en vez de volver a bajar, al final escapaban de la atracción terrestre y partían hacia el espacio infinito.
Al principio, pusieron perros en los cohetes: pero los perros no sabían hablar y por la radio del cohete transmitían solo "guau, guau". Y los hombres no entendían qué habían visto y adónde habían llegado.
Era una vez Marte.
Estaban muy lejos el uno de la otra, en medio del cielo, y alrededor había millones de planetas y de galaxias.
Los hombres que estaban sobre la Tierra querían llegar a Marte y a los otros planetas; ¡pero estaban tan lejos!
Sin embargo, trataron de conseguirlo. Primero lanzaron satélites que giraban alrededor de la Tierra durante dos días y volvían a bajar.
Después, lanzaron cohetes que daban algunas vueltas alrededor de la Tierra, pero, en vez de volver a bajar, al final escapaban de la atracción terrestre y partían hacia el espacio infinito.
Al principio, pusieron perros en los cohetes: pero los perros no sabían hablar y por la radio del cohete transmitían solo "guau, guau". Y los hombres no entendían qué habían visto y adónde habían llegado.
Por fin, encontraron hombres valientes que quisieron trabajar de astronautas.
El astronauta se llama así porque parte a explorar los astros que están en el espacio infinito, con los planetas, las galaxias y todo lo que hay alrededor.
Los astronautas partían sin saber si podían regresar. Querían conquistar las estrellas, de modo que un día todos pudieran viajar de un planeta a otro, porque la Tierra se había vuelto demasiado chica y los hombres eran cada día más.
Una linda mañana, partieron de la Tierra, de tres lugares distintos, tres cohetes.
En el primero iba un estadounidense que silbaba muy contento una canción de jazz.
En el segundo iba un ruso, que cantaba con voz profunda "Volga, Volga".
En el tercero iba un negro que sonreía feliz con dientes muy blancos sobre la cara negra.
En esa época los habitantes de África, libres por fin, habían probado que como los blancos podían construir, casas, máquinas y, naturalmente, astronaves.
Cada uno de los tres deseaba ser el primero en llegar a Marte: El norteamericano, en realidad, no quería al ruso y el ruso al norteamericano, porque el norteamericano para decir "buenos días" decía How do you do y el ruso decía zdravchmite.
Así, no se entendían y creían que eran diferentes.
Además, ninguno de los dos quería al negro porque tenía un color distinto.
Por eso no se entendían.
Como los tres eran muy valientes, llegaron a Marte casi al mismo tiempo. Descendieron de sus astronaves con el casco y el traje espacial. Y se encontraron con un paisaje maravilloso y extraño: El terreno estaba surcado por largos canales llenos de agua de color verde esmeralda. Había árboles azules y pajaritos nunca vistos, con plumas de rarísimo color.
En el horizonte se veían montañas rojas que despedían misteriosos fulgores.
Los astronautas miraban el paisaje, se miraban entre sí y se mantenían separados, desconfiando el uno del otro.
Cuando llegó la noche se hizo un extraño silencio alrededor. La Tierra brillaba en el cielo como si fuera una estrella lejana.
Los astronautas se sentían tristes y perdidos, y el norteamericano, en medio de la oscuridad, llamó a su mamá.
Dijo: "Mamie".
Y el ruso dijo: "Mama"
Y el negro dijo: "Mbamba"
Pero enseguida entendieron que estaban diciendo lo mismo y que tenían los mismos sentimientos. Entonces se sonrieron, se acercaron, encendieron juntos una linda fogatita, y cada uno cantó las canciones de su país. Con esto recobraron el coraje y, esperando la mañana, aprendieron a conocerse.
Por fin llegó la mañana y hacía mucho frío. De repente, de un bosquecito salió un marciano. ¡Era realmente horrible verlo! Todo verde, tenía dos antenas en lugar de orejas, una trompa y seis brazos.
Los miró y dijo: "grrrrr".
En su idioma quería decir: "¡Madre mía!, ¿Quiénes son estos seres tan horribles?".
Pero los terráqueos no lo entendieron y creyeron que ése era un grito de guerra.
Era tan distinto a ellos que no podían entenderlo y amarlo.
Enseguida se pusieron de acuerdo y se declararon contra él.
Frente a ese monstruo sus pequeñas diferencias desaparecían. ¿Qué importaba que uno tuviera la piel negra y los otros la tuvieran blanca?
Entendieron que los tres eran seres humanos.
El otro no. Era demasiado feo y los terráqueos pensaban que era tan feo que debía ser malo.
Por eso decidieron matarlo con sus desintegradores atómicos.
Pero de repente, en el gran hielo de la mañana, un pajarito marciano, que evidentemente se había escapado del nido, cayó al suelo temblando de frío y de miedo.
Piaba desesperado, más o menos como un pájaro terráqueo. Daba mucha pena. El norteamericano, el ruso y el negro lo miraron y no supieron contener una lágrima de compasión.
Y en ese momento ocurrió un hecho que no esperaban. También el marciano se acercó al pajarito, lo miró, y dejó escapar dos columnas de humo de su trompa. Y los terráqueos, entonces; comprendieron que el marciano estaba llorando. A su modo, como lo hacen los marcianos.
Luego vieron que se inclinaba sobre el pajarito y lo levantaba entre sus seis brazos tratando de darle calor.
El negro que en sus tiempos había sido perseguido por su piel negra sabía cómo eran las cosas. Se volvió hacia sus dos amigos terráqueos:
-¿Entendieron? –dijo-. ¡Creíamos que este monstruo era diferente a nosotros y, en cambio, también él ama los animales, sabe conmoverse, tiene corazón y, sin duda, cerebro también! ¿Todavía creen que tenemos que matarlo?
Se sintieron avergonzados ante esa pregunta.
Los terráqueos ya habían entendido la lección: no es suficiente que dos criaturas sean diferentes para que deban ser enemigas.
Por eso se aproximaron al marciano y le tendieron la mano.
Y él, que tenía seis manos, estrechó de una sola vez las de ellos tres, mientras con las que tenía libres hacía gestos de saludo.
Y señalando con el dedo la Tierra, ahí abajo en el cielo, hizo entender que quería hacer conocer a los demás habitantes y estudiar junto a ellos la forma de fundar una gran república espacial en la que todos estuvieran de acuerdo y se quisieran.
Los terráqueos dijeron que sí muy contentos.
Y para festejar el acontecimiento le ofrecieron un cigarrillo. El marciano muy feliz se lo metió en la nariz y empezó a fumar. Pero ya los terráqueos no se escandalizaban más.
Habían entendido que en la Tierra como en los otros planetas, cada uno tiene sus propias costumbres y que sólo es cuestión de comprenderse entre todos.
lunes, 15 de febrero de 2016
Tutorial flor plegada
Una hermosa flor de tela en un video muy claro.
https://mypatchwork.wordpress.com/2016/02/13/video-tutorial-origami-flower-quilt-block/
https://mypatchwork.wordpress.com/2016/02/13/video-tutorial-origami-flower-quilt-block/
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