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sábado, 12 de abril de 2008

Lobo!

LOBO (Del lat. lupus). Mamífero carnicero de un metro aproximadamente desde el hocico hasta el nacimiento de la cola, y de seis a siete decímetros de altura hasta la cruz, pelaje de color gris oscuro, cabeza aguzada, orejas tiesas y cola larga con mucho pelo. Es animal salvaje, frecuente en España y dañino para el ganado. (http://www.rae.es/ )

Pertenece a la familia de los cánidos, igual que el cachorrito más fiel y tierno que puedas tener. Posee ojos al frente (porque es un depredador), finísimo oído y dientes afilados (para comerte mejoooor)
Merodea y acecha en muchos cuentos infantiles, fábulas y leyendas desde hace siglos, donde simboliza el peligro y la maldad y si no, leamos a Perrault en su moraleja al cuento de Caperucita, esa que sí le vio las orejas al lobo:

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.

A pesar de todo dice Goytisolo que “había una vez un lobito bueno, al que maltrataban todos lo corderos”, y por el cine anda Kevin Costner danzando con los lobos.
Me pregunto: ¿Qué sería de Caperucita, de los tres chanchitos, del pastor mentiroso, sin el lobo?
Imaginen al séptimo hijo varón convertido en gallina, en vaca o en ornitorrinco las noches de luna llena. Sería el adiós a la licantropía. ¿Y cómo disfrutaríamos del miedo cuando lobatos (y grandecitos también) en las noches de verano, cuando sentados afuera en la oscuridad alguien contara un cuento de lobigallina, o lobivaca? Es un tema muy interesante y para quien tenga un hambre de lobo sobre el asunto lo mejor es ponerse a investigar.
Rubén Darío escribió un poema llamado Los motivos del lobo en el que cuenta cómo los habitantes de un pueblo fueron a quejarse ante el hermano Francisco de los estragos cometidos por un lobo. Cuando Francisco vio los preparativos para la cacería del lobo, detuvo a los campesinos y marchó a buscar al animal. Al encontrarlo, le habló y convenció de irse a vivir al convento y convivir con los humanos El lobo se mostró a partir de ese momento como el más manso de los animales. Pero…Francisco tuvo que alejarse del pueblo y cuando regresó lo esperaban con la noticia de que el lobo había vuelto a su vida salvaje y a comerse las ovejas. El santo fue al encuentro del feroz animal y cuando le hizo los reproches del caso, el lobo respondió

-"Hermano Francisco, no te acerques mucho
Yo estaba tranquilo allá en el convento,
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas, empecé a ver que en todas las casas
estaban la envidia, la saña, la ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos se hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos,
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como una agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad".

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con un profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: "Padre nuestro, que estás en los cielos...


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